Al parecer, hubo derbi en el Calderón. Atípico como pocos, pues uno de los contendientes parecía tomárselo como una final y para el otro era un marrón a mitad del viaje más importante del curso, entre la horrible noche de Dortmund y la remontada que invoca para el martes al "espíritu de Juanito". Pues ni con esas. Volvió a ganar el Madrid, como acostumbra desde hace largo tiempo. Si en la primera vuelta Simeone montó un entrenamiento a puerta abierta para motivar a sus chicos, la afición rojiblanca asistió esta vez al ejercicio espiritual de los suplentes de Mou. Como resultado se llevaron en las retinas un 1-2.
Y es que la vida sigue igual, a pesar de que la alineación merengue no pudo ser más circunstancial. El lustre de todo derbi no impidió la comparecencia de una línea defensiva casi marciana, con Nacho y Essien en los laterales y Albiol y Carvalho en el centro. Ni una medular con Pepe y Khedira. Ni una avanzadilla con Morata y a Kaká, uno tirado a la izquierda y el otro en el que se supone que es su sitio natural, de segunda punta. El menú prometía indigestión, sufrimiento atrás y falta de elaboración en la vanguardia.
La promesa parecía hacerse realidad nada más empezar, con un gol que llevó la firma de Falcao y el entusiasmo inicial a la ribera del Manzanares. Daba la impresión de que esta vez los deseos de vencer serían definitivos para desnivelar la balanza a favor del Atleti, pues hasta Florentino andaba hablando por el móvil sin que se le viera muy afectado. El empate, no obstante, llegó pronto, en el saque de falta de Di María que tropezó en Juanfran y sorprendió a Curtois.
Poco más digno de mención sucedió en la primera parte. El partido fue bronco y soso. Solo Pérez Lasa se animó a poner el colorante, pues una cita de máxima rivalidad no está concebida para que un personaje así pase desapercibido. Se hinchó a sacar amarillas, varias sin el menor criterio. Y disculpó tantas otras. Mucho de su trabajo lo resolvió al revés de como procedía, aunque al menos no se dejó engañar en ningún momento por Diego Costa, para quien dar y simular es toda una escuela de vida.
Los minutos caían pesadamente y no se veía, salvo una oportunidad de Gabi, nada noticioso sobre el verde. Eso fue así hasta que Benzema metió un pase preciso al hueco que Di María había generado con un desmarque ejemplar. Igual de brillante fue su definición, con un zurdazo raso y seco. La victoria provisional se hizo concluyente cuando entró Xabi Alonso para disputar media hora en la que el Madrid se hizo con el control de los hechos.
Ningún madridista anduvo por encima de su nivel pero todos cumplieron eficazmente dadas las circunstancias, algo que los fieles agradecen por la felicidad que siempre genera prolongar la racha contra el vecino. Ahora, sin embargo, toca mirar en la dirección de verdad importante. Toca creer en lo que parece imposible, en una hazaña que no está al alcance de los simples mortales porque solo puede conquistarla un héroe eterno. El Madrid, por ejemplo.
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