La Liga de los dos bloques arrancó en el Bernabéu con un accidente para el defensor del título. Nada ha cambiado desde que el Madrid celebrara en tan majestuoso escenario su título número 32. El peinado de Sergio Ramos y poco más. Arbeloa sigue siendo el lateral derecho indiscutible en su plantilla y no tiene más relevo que cualquier improvisación. Y Xabi Alonso continúa como único mediocentro creador, pues lo de Sahin salió mal y acabará en vuelo de ida a Inglaterra. Sin retoques en los únicos puestos con verdadero margen de mejora, los blancos debutaron en la 2012-2013 y se dejaron dos puntos, circunstancia que no pasaría de ser anecdótica si la competeción nacional no atrevesara por una evidente polarización histórica. Si todo apunta a que para ganar el torneo debes merodear los cien puntos, cada pérdida es un pequeño cataclismo. Pues en el arranque ha llegado el primero.
Cierto es que, sin cerrar una actuación de la que se pueda alardear, el empate fue inmerecido. Durante media hora de la segunda parte desataron los locales una tormenta que debió mover el marcador. Sucedió curiosamente sin más centrocampista que Xabi, con Lass de vuelta al banquillo y con una hiperpoblada fiesta de delanteros y mediapuntas. Solo durante ese paréntesis apretaron de verdad los madridistas, quizás fruto de la necesidad, el talento y la movilidad, pues el once tenía toda la pinta de un tremendo desequilibrio táctico. De hecho, cuando el depósito entró en zona de reserva quedó patente el desdibujo y el partido murió en el área de Casillas y no en el de Alves.
La actuación de los dos, por cierto, explica parte del resultado. Casillas volvió a hacer gala de su principal debilidad y se comió un balón llovido que Jonas transformó con la testa en el empate a uno. Alves, por el contrario, se sacó varias intervenciones de mérito cuando sus compañeros más necesitaron sus felinos reflejos. Siendo muy reduccionistas, ahí se resume la explicación del gol del Valencia y la ausencia de más dígitos en el marcador merengue.
Por lo demás, el duelo se pareció a tantos otros pistolezados de salida de la temporada. Los minutos pasaban con los jugadores intentando pillarle el ritmo al asunto, a medio camino entre bolo veraniego y debate sobre tres puntos tangibles. El Madrid se vio todavía más tranquilo cuando Higuaín abrió la lata tras un excelente pase de Di María y después de disparar dos veces contra el cuerpo del cancerbero brasileño. El freno de mano parecía echado, a la espera de alguna contra vertiginosa con la que cerrar el triunfo y ahorrar para empresas como la inminente en el Nou Camp. Fue entonces cuando llegó el regalo de Casillas, quien quebrantó además la salud de su compañero Pepe, con el que chocó de forma espectacular.
Tocó remar en contra durante largos minutos y pudo llegar el naufragio si una clarísima contra de Soldado no acaba con la señalización de un fuera de juega más que dudoso. Cierto es que la jugada nació en un mal saque de una falta y que las repeticiones no resuelven definitivamente la incertidumbre. Lo cual también tiene su aquél: la TV de pago se ha vuelto un producto de lujo si se analizan sus nuevos precios y ni siquiera fue capaz de ofrecer una imagen nítida en uno de los lances siempre discutidos de este juego. Tiene bemoles.
De haber sido gol los visitantes se hubieran llevado un premio descabellado a tenor de lo visto. El equipo dirigido por Pellegrino se comportó de forma correosa, incómoda y hasta desagradable. Puede que hiciera el partido que le convenía, pero desde luego no sedujo con su propuesta a ningún espectador que ande dudando entre la natación sincronizada y el balompié. Enfrente, mientras tanto, Di María echaba fuera una ocasión inmejorable desde el punto de penalti, Higuaín empotraba un cabezazo en el larguero, Özil disparaba al muñeco en posición franca y Benzema le exigía a Alves la enésima parada que terminaba en saque de esquina. Llama la atención, por cierto, que en la descripción de ninguna de las ocasiones haya que escribir el apellido Ronaldo. Cristiano estuvo desaparecido, como si el hambre voraz ya estuviera saciada, aunque lo cierto es que esto no ha hecho más que empezar y las exigencias serían a todas luces precipitadas.
Bueno, quizás una sí pueda lanzarse a los cuatro vientos. El madridista ha acabado siendo un tipo concebido para rezarle a todos los santos por la salud de Xabi Alonso. Han pasado entrenadores, directores generales, técnicos, ayudantes, presidentes... y Xabi sigue sin relevo. Otro curso más, cualquier contratiempo de enjundia para el tolosorra generará un problema muy serio en los cimientos del rascacielos blanco. Fisura, por cierto, que no se soluciona con el fichaje de Modric, otro más que vendría a sumarse a la media punta. Por desgracia, en eso la vida sigue igual.








